lunes, 4 de enero de 2010


Una vez cuando era niña, me encontré un escorpión que me inoculó su veneno a través de su aguijón.
Aún padezco los síntomas. Benditos síntomas, dolorosos y placenteros a la vez.

La infancia es un bonito lugar para vivir, pero queda lejos. El pasado y la memoria son cosas muy distintas. La memoria no es más que la reconstrucción presente de ese pasado. Y lo jodido del tema es que esa reconstrucción está mediada por muchos factores y que éstos son función de la vida transcurrida. Así que ahora me pregunto ¿realmente me picó un escorpión alguna vez?